Que sí, que no, que nunca te decides.

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Tus sueños, tus deseos, tus proyectos siguen con vida. Todavía respiran. Y eso que cada día son arrollados de nuevo por un enorme tren: la rutina. Aunque cierres los ojos cada noche, aunque ignores las señales que te envían, aunque intentes callarlos, esos sueños siguen ahí. Esperando a que los pulas, a que despiertes y te decidas a hacerlos realidad.
decidido
Sí, sé que estás muy ocupado con otras tareas, responsabilidades. Inmerso en la locura diaria de todo y todos los que reclaman tu atención pero… ¿qué necesitas para hacer realidad tus sueños?

Estoy seguro de que muchos de ustedes responderan el tan socorrido ‘todavía no estoy preparado’, o que ‘con la que está cayendo…’, o esto, o lo otro.. Y todo para poder soltar amarras y navegar libres hacia otras tierras lejanas. A perder de vista el puerto del que hemos partido. A alejarnos de la tan famosa ‘zona de confort’.

Es cierto que casi nunca estamos lo suficientemente preparados para la travesía, sobre todo porque, ¿tendremos frío o hará calor? ¿si me pierdo? ¿hago caso a ese dicho de ‘virgencita, virgencita, que me quede como estoy’?

Mira, nunca estamos preparados lo suficiente para abandonar lo que estamos haciendo y empezar un nuevo proyecto, trabajo o enfrentarnos a una nueva realidad. O para reclamar el derecho a un salario que nadie podrá ofrecer.

Nunca estaremos preparados para despedirnos con una sonrisa de esa persona mientras abrazamos con una fuerza brutal nuestro propio camino, con un coraje y valentía que todavía no sabemos de dónde sacaremos, y comprometernos con esa otra persona tan única y especial de por vida y que nos vio cuando éramos invisibles para el resto.

Nunca se está suficientemente preparado para esa intimidante primera vez o para esa última y liberadora vez.

Jamás estaremos preparados para atrevernos a hacer lo que muy pocos harían y para vivir como muy pocos podrían.

Qué ‘sobrados’ parecemos cuando de posponer las cosas que sabemos que debemos hacer se trata. ¿Esperando el qué? ¿el día D y la hora H? ¿la alineación de Júpiter con Urano y no sé qué más? ¿hasta cuándo hay que esperar?

Hasta cuando estamos suficientemente hartos de continuar esa llave, esa pauta, señal, rayo, ladrillazo en la cabeza… que, por desgracia, parece que nunca llegan. Y no será porque no le hemos dado vueltas eh!

Cuando ya no nos obligan a hincar los codos y memorizar libros y libros y nos permiten escribir el nuestro, el de nuestra vida, es cuando empezamos a aprender. En manos del protagonista está que ese libro y la historia que contiene tenga más o menos acción. Todo dependerá de si pospone durante muchos capítulos la acción.

¿Qué pasa si ya estás preparado?

No esperes a que nadie te lo confirme. No necesitas el permiso o la bendición de nadie.

Solo la tuya.

Adelante, avanza… Siempre!!!

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