Que sí, que no, que nunca te decides.

Tus sueños, tus deseos, tus proyectos siguen con vida. Todavía respiran. Y eso que cada día son arrollados de nuevo por un enorme tren: la rutina. Aunque cierres los ojos cada noche, aunque ignores las señales que te envían, aunque intentes callarlos, esos sueños siguen ahí. Esperando a que los pulas, a que despiertes y …

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